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9/9/16

Crash Bandicoot y el paradigma de los 90


Durante nuestro sagrado ritual vacacional, Capitán Grelo comenzó un debate con un humilde servidor sobre si Crash Bandicoot es un poochie. Lo cierto es que me ví en la necesidad de dedicarle una entrada al tema, y así se lo prometí, así que no sólo le voy a mirar a los ojos, señor Grelo, sino que le voy a mirar al alma y afirmaré: Crash Bandicoot no es un poochie. A continuación la pertinente explicación al respecto.

Antes de entrar en materia, analicemos el concepto. ¿Qué es un poochie? El término, acuñado por Los Simpson, hace referencia a un recurso bastante recurrente de las series de antaño, el cual consistía generalmente en introducir a un personaje nuevo con calzador para tratar de atraer de nuevo la atención del público cuando la propia serie empezaba a estar de capa caída y a perder audiencia, debido tal vez a la longevidad de la misma o a la competencia. Así, un personaje poochie está hecho única y exclusivamente para eclipsar al resto. Creado sin ningún pretexto, únicamente para llamar la atención por todos los medios y atraer al público, variando según su intención. Podría ser por molar demasiado, como en el caso paródico de la propia serie, o por ser kawaii, como en este caso de aquí. Incluso Pinky y Cerebro parodiaron esta mala práctica jodeseries.

Así pues, un poochie no es más que una estrategia de márketing. Un recurso desesperado para recuperar público o llegar a uno nuevo que, generalmente, causaba el efecto contrario y hacía que los seguidores acérrimos de la serie le perdieran el respeto y el público nuevo  que trataban de atraer sudara bolas de aquello. Una de las características de un buen poochie es que siempre se veían como un pegote, además de no aportar nada a la trama ni al entorno en que se desenvuelve. Se notaba a la legua el mal apaño, que no pegaba ni con cola y, por lo general, provocaba en el público un sentimiento de repulsión hacia ese personaje. No es un buen poochie si no te cae mal/se te hace cargante.

Ahora bien, soy plenamente consciente de que en más de una ocasión he utilizado el término para referirme a algo ligeramente distinto, que es un personaje edgy. Un personaje edgy es un personaje que está hecho para molar mucho, pero que MUCHO más que los demás personajes de su universo ficticio, eclipsándolos por completo ante su inenarrable molonidad y superioridad en prácticamente todos los ámbitos. Un personaje edgy no tiene ni por qué ser nuevo, y a diferencia de un poochie, suele funcionar y tener una gran fanbase que orbitará a su alrededor atraída por su todopoderosa fuerza molonacional, generando así un gran número de detractores que se niegan a tragar el pastel y consideran que dicho personaje es una mofa a su inteligencia. Un personaje edgy suele ser otra estrategia de márketing con patas, diseñado para vender merchandising y atraer fanboys, y suele tener un par de características comunes, a saber: es físicamente superior en todo con respecto a los demás personajes, suele tener un pasado oscuro, y puede ser frío y misterioso, un emo lobo solitario. Un personaje edgy es la contraparte a un poochie dado que, extrañamente, funciona. Así mismo, un personaje edgy no se ve limitado a un papel secundario como un poochie, sino que puede ser perfectamente el protagonista *AHEMBATMANDEFRANKMILLERAHEMHEM*

Pero... ¿No suena eso a Mary Sue? Bueno, más o menos. Un Mary Sue vendría siendo lo mismo, pero representando al autor. Me explico, cuando un autor tiene un ego desmedido, en ocasiones crea un autoretrato dentro de su obra a modo de entidad superior a todo lo que la rodea. Una vampira nekomata descendiente de una familia de lobos con el poder de controlar los elementos y un pasado oscuro, a pesar del cual aún conserva un sentido del humor remarcable y es capaz de dominar todo tipo de técnicas legendarias sin apenas esfuerzo, además de llevarse bien CON TODO EL MUNDO hasta el punto de dorarle la píldora cada dos diálogos y preguntar constantemente por ella cuando no está en pantalla. Esa es la definición exagerada y fanfictioner, aunque hay casos más sutiles como Bella de Crepúsculo o Mr. Angelu. Por supuesto, esto cuenta con su contraparte masculina conocida como Gary Stu. En este caso, no es una medida de marketing, sino una lucha desesperada por superar tus inseguridades internas plasmada sobre papel.

Bien, habiendo definido claramente los tres conceptos, ¿a qué grupo pertenece Crash Bandicoot? La respuesta sencillamente es a ninguno de ellos. El marsupial naranja pertenece a un grupo entrañable y fácilmente perdonable conocido como "La fiebre de los 80s".

Los 80 eran tiempos en los que todo estaba permitido a la hora de crear una obra de ficción. Se habían roto todas las barreras. El rock and roll estaba en su punto álgido y las obras de ficción estaban siempre bañadas en ese espíritu de "vamos a hacer que esto mole todo lo posible", haciendo que en el guión, básicamente, se decartara muy poco. Todo vale. Eran tiempos sencillos de héroes y antihéroes macarras; buenos muy buenos y malos muy malos sin mayor trasfondo que inflarse la puta cabeza a hostias para el goce y disfrute del espectador, y desenvolviéndose en un ambiente punk y extravagante en el que todo molaba por lo sumamente extraño que se veía. En una obra de los 80 podían coexistir perfectamente punkarras postapocalípticos con cresta y atuendo de colores con dinosaurios ciborg, extraterrestres mutantes adictos al funk y renos zombie con ántrax sin que a nadie le extrañara. Uno no disfrutaba de aquello por una trama profunda ni por que le hiciera reflexionar precisamente, sino que simplemente te echabas sobre tu sofá y te dejabas sorprender por una serie de locuras extravagantes. Por el "¿con qué me sorprenderá ahora?". Podríamos decir que eran obras hechas para molar, y molaban (en un sentido distinto a un edgy. En un sentido LITERAL). No necesitaban nada más, sólo mostrarte lo que la imaginación y el surrealismo pueden hacer.

¿Y qué tiene que ver esto con Crash Bandicoot, un juego de los 90? Sencillo. Los 90 se caracterizaron por buscar su propio carácter. En la primera mitad, coexistían un espíritu nostálgico de los 80 que mezclaba todo lo anteriormente citado e intentaba darle su propio toque original con el surgimiento de la moda rap, cool y pop que cada vez cobraba más fuerza. Creo que esta fiebe de los 80 se puede explicar mejor con ejemplos como Cadillacs and Dinosaurs, la saga Mad Max a partir de la segunda entrega, Momias, Las Tortugas Ninja, Power Rangers y cualquier beat em up de la época, así como con obras homenaje modernas como Kung Fury. Obviamente no todo era tan marcado, había obras más sutiles o que incluso no tenían nada que ver con esta fiebre de los 80, pero siempre conservaban ese puntillo ochentero de ciencia ficción extraña, como Xena, McGyver o Robocop. También eran tiempos en los que se suplía el bajo presupuesto echándole imaginación y ganas. Una mentalidad propia de los 90 era simple y llanamente "el prota siempre vencerá", realzando su figura como un héroe muchas veces superior a sus enemigos, pero de forma que no resultaba desagradable, sino, redundantemente, heróica. Y es que todo en los 90 nostálgicos era o muy macarra y hortera o muy rap. En los 90 TODO ERA POSIBLE. T-O-D-O. Cuantos más elementos fantasiosos tuviera una obra, mejor. En aquel entonces no se descartaba nada. Si querías meter robots, magia, viajes en el tiempo, el espacio, aliens, explosiones y rock, LO PUTO METÍAS. Lo que, obviamente, trajo en más de una ocasión algún aluvión de mierda infumable, pero había tanto donde elegir que sólo tenías que ignorarlo. Y luego está la segunda mitad de los 90, que es la que marcó unos cimientos para nuestra etapa actual, y es que después del desenfreno, los 80 han vuelto, y las montañas de series para vender juguetes como Transformers o Digimon, la segunda mitad del lustro se centraría en "vamo a calmarno". Básicamente establecía unas normas y una lógica interna en cada universo que rara vez sería violada. La moda rap comienza a mitigarse un poco y ahora lo empezamos a flipar con el ciber y el techno, como podemos observar en Matrix, por ejemplo. Así mismo, con el reventón de la burbuja de los videojuegos, comienza una nueva etapa en el cine y la animación: el modelo familiar. Series infantiles y películas de animación para toda la familia, siendo pioneros en la animación adulta Los Simpsons, y recurriendo bastante más al humor paródico y a tramas ligeramente más adultas, disfrutables por todos los públicos, en la animación infantil, como con el caso de Johnny Bravo y en general las series de Cartoon Network y Nickelodeon. Pero nos interesa centrarnos en la primera mitad, la nostálgica.

Existe una sutil aunque vital diferencia entre un personaje perteneciente a los grupos anteriormente nombrados y uno de los 90 nostálgicos. El contexto de una obra de los 90 solía ser humorístico o experimental, aunque en bastantes casos el humor no venía propiamente de chistes ni situaciones absurdas, provenía más del ambiente, el mundo y la extravagancia de todo lo que en él habita, creando así obras que molaban y nos divertían por igual. Cuando ves un caso de fiebre de los 80, no te lo puedes tomar en serio, y eso lo saben hasta los guionistas. Y la razón por la que funciona es precisamente esa, que no está hecho para tomárselo en serio, sino para deleitarte ante la bizarrería. En aquél entonces tenían más que claro que la ficción era ficción, y como tal, todo era posible, porque es ficción, y punto. Sin embargo, un personaje de los otros puntos generalmente se desenvuelve en un mundo serio o que, al menos, trata de que te lo tomes en serio, resultando en un pegote desagradable para cualquiera con un poco de criterio. Además, la diferencia entre un poochie/edgy/whatevah y una buena noventitis vendría siendo que el primero está hecho para eclipsar todo lo que le rodea y atraer la atención mientras el segundo está en armonía con su mundo y conserva una estética y habilidades, dentro del todo está permitido, a corde a lo que le rodea. Aunque un ochentanoventero como Snake Plissken sea claramente superior a todos sus enemigos y los derrote de dos tollinas, encaja y no se le considera un poochie no sólo por su contexto histórico sino porque todo lo que le rodea suele molar tanto o casi tanto como él, y las peleas de destrozar todo de una tollina, más que para hacer ver al prota como una entidad superior e invencible, se hacían sencillamente por el amor de las tollinas y las peleas espectaculares de uno contra cientos, generalmente con algún gag visual de por medio. Pero esto ya viene de lejos; las películas de Bud Spencer basaban todas sus tramas en esto. Insisto, cualquier beat em up me respalda aquí, incluso los modernos como Sengoku Basara.

Bien, teniendo esto en claro, pongamos en contexto a Crash Bandicoot. La premisa era crear una revolución en el mundo de los plataformas. Ser el primero en 3D, ya que hasta entonces todo era en vista lateral. Una meta ambiciosa, que cambió la mecánica de los videojuegos para siempre. Y todo en una consola experimental recién nacida. Ya sólo por eso merece un respeto, ¿no? Pero pasemos a la trama.

Un mutante humanoide descamisado, con cresta de punkarra, vaqueros, deportivas y unos mitones de cuero, capaz de hacer ataques giratorios como Taz de los Looney Tunes, y que tan pronto se patea un nivel lleno de obstáculos mortales como te pilota un avión o te conduce una moto con chupa y gafas de sol. Un poochie en toda regla, ¿verdad? Si has prestado atención al artículo, te darás cuenta de que es ochentitis en estado puro. En lugar de centrarte en los detalles, mira la trilogía de Crash Bandicoot en su conjunto. El universo en el que se mueve el bueno de Crash está hecho para encajar con el propio personaje y molar tanto como él. Tenemos un científico malvado verde con una N enorme en la cabeza que quiere dominar el mundo con sus ayudantes Hulk y ciborg con un jodido misil incrustado en la cocorota creando un ejército de animales mutantes y robots, entre los que tenemos un tigre en taparrabos con esteroides que lo destroza todo con sus manos desnudas y se hace con el control de un coliseo romano, un híbrido australiano entre dingo y cocodrilo con un lanzallamas, señores del tiempo, máscaras ancestrales todopoderosas, Scarface furry y su banda de ratas mafiosas y un largo etcétera de extravagancia humorística tomando muchas referencias de la cultura popular de los 80 y 90 y mezclándolo con una estética infantil para todos los públicos claramente Looney Tunesca (el propio Crash es una versión macarra del demonio de Tazmania). Hasta los personajes secundarios son bizarradas como tortugas ciborg con motosierras en su espalda o estatuas tiki que escupen fuego. TODO mola tanto como el propio Crash y está a juego entre sí. Vamos, a mí por lo menos me encanta ese contraste entre la naturaleza australiana y sus ruinas ancestrales mezclado con tecnología futurista, así como los diseños de cada maldito personaje.

Como estamos viendo, que una obra tenga ese estilo macarra de los 80/90 no la hace poochie, simplemente le da su propio estilo. Y eso es básicamente lo que es la saga Crash Bandicoot, los Looney Tunes bañados en rock and roll.

Mirad cómo era su diseño original, si no me creéis.

Además, en Crash Bandicoot se nota muchísimo más el ambiente humorístico con algunos puntos del propio juego (ese final de Crash 3, por Satán) o con detalles como las propias muertes de Crash.
Si ya de por sí es injusto juzgar negativamente a una obra de los 90 nostálgicos por ser absurda, exagerada y/o no cuadrar con los estándares actuales de calidad, más aún lo es hacerlo con una que obvia muchísimo más su contexto humorístico. Un poochie o edgy generalmente nunca va a aparecer en una obra puramente humorística, y si lo hace es para destrozar la misma por su imposibilidad de participar en dicho humor. Los poochies y la armonía con su entorno no se llevan bien. ¿O es que acaso te imaginas a Trafalgar Law perdiendo los pantalones y huyendo ruborizado al ser atacado por un enemigo armado con un sable? (Incluso veo mucho más a Luffy o Usopp haciendo esto en algún momento del manga, sinceramente).

Ahora bien, el juego no tiene nada de trasfondo. No se sabe nada del villano ni sus motivaciones, ni contaba una historia decente. Nada... Bien, permítanme añadir un apunte aquí. Hora de Aventuras ha hecho muchísimo daño en nuestras generaciones a la hora de juzgar las obras infantiles, sobre todo de generaciones anteriores. No digo que lo que ha hecho Hora de Aventuras sea intrínsecamente malo, todo lo contrario, ya que es cojonudo crear un trasfondo y un mensaje en todo que vaya más allá de lo que se ve a simple vista, pero esto no siempre ha sido así, y hay obras que sencillamente no trataban de transmitir nada, y eso no tenía ni tiene nada de malo, aún así eran muy disfrutables, ¿o es que Billy y Mandy es una mala serie por no contar con el trasfondo y complejidad argumental de los dibujos de ahora, como Gravity Falls, Steven Universe o la ya mencionada Hora de Aventuras? Esta es la razón por la que me saca de quicio que la gente diga que Tito Yayo es una mala serie simplemente por ser tonta y no tratar de transmitir nada. Si su idea es simplemente hacer humor idiota, y lo consigue, pues ¿para qué más? Pero bueno, ya dedicaré a este tema una entrada a parte, a lo que vamos. Juzgar cosas de generaciones anteriores con los ojos de hoy es injusto y absurdo. Eran otros tiempos y otra mentalidad. En los años 20 y posteriores todo contaba con un machismo y un racismo intrínseco muy notorios, pero en aquellos tiempos era lo normal, y por mucho que ahora sea distinto, la mentalidad y contexto de esa época no se puede cambiar, porque ya está hecho, lo que no quita que tengamos películas a día de hoy consideradas hitos del cine, provenientes de aquella época. Con los 60, 70, 80 y 90, que fueron años de revolución, movimientos ideológicos muy marcados y, en los últimos lustros, la llegada del rock, el metal y el rap y su respectiva mentalidad, pasa lo mismo. Todo en aquellos tiempos tenía esa estética, y en la ficción la trama se centraba más en la misma así como en dar espectáculo que en contar algo sólido y trascendental. Sí, había obras que trataban de transmitir mensajes y moralejas, pero eran tan obvios que básicamente eran sermones. Vale que ahora mismo el panorama sea distinto y podamos localizar y apedrear con mayor facilidad un poochie, pero en aquellos tiempos era todo tan cañero que la línea era completamente difusa. Es normal que la mentalidad evolucione, y el ocio es un reflejo del estado temporal y cultural de la sociedad. Una obra en su conjunto no puede ser poochie, simplemente cumplir con lo que se propone o no. En todo caso puede ser mala si está mal elaborada, desarrollada o enfocada. Puede ser prepotente si trata de ser más de lo que realmente es. Puede tener una mala narrativa si intenta contarte algo y en su lugar sólo resulta confusa y genera dudas. Pero si todo está hecho para molar, y mola, no hay problema alguno. Y yo en Crash Bandicoot sólo veo una caricatura. Un cartoon alocado y desenfadado que no trata de contar nada, sino de entretenerte jugando y sacarle a los críos alguna que otra risa (yo recuerdo despollarme vivo de pequeño con más de una muerte de Crash). ¿Y qué si Crash Bandicoot no contaba una historia cojonuda ni se sabía nada del Dr. Neo Cortex? ¿Acaso sabíamos algo más en Super Mario sobre Bowser o el mundo de Mario salvo que había secuestrado a la princesa Peach y que debíamos darle la del pulpo por ello? En los tiempos modernos quizás, pero volviendo a la época de los 80, 90 no sabíamos nada salvo que éramos los buenos, y teníamos que vencer al malo. Los videojuegos antiguos siempre han priorizado muchísimo más la jugabilidad que la narrativa y los gráficos (o al menos hasta ahora, ya que con cada nueva generación pasa justo lo contrario, gráficos y narrativa mandan sobre jugabilidad), y por ello cada vez que vemos a Crash pilotando un avión, un jetpack o ganando una carrera en una moto con un estampado de llamas no veo otra cosa más que los 90 cañeros en estado puro y un énfasis de Naughtydog por crear una variedad de jugabilidad en cada nivel. Un intento con mucho cariño por hacer de cada nivel una experiencia única y completamente distinta, por innovar y hacer algo que hasta entonces nunca se había hecho.

 ¿Acaso un poochie se anunciaría así? ¿O lo haría una caricatura?

Vale, fue pionero en los cambios de jugabilidad, y quizás, aunque bebe de juegos como Megaman y Mario, un poco también en su estética, pero puede haber envejecido mal, ¿no? Pueden haber salido juegos más modernos que se follen al viejo Crash. Pues... Sí y no. Mientras que se ha pulido el arte de hacer videojuegos a niveles inimaginables en aquellos tiempos, y sacado juegos de plataformas con mecánicas similares, aún es una experiencia agradable jugar a la trilogía original de Crash Bandicoot. A diferencia de algunos juegos de consolas anteriores masacrados por sus secuelas y juegos de la competencia (ya sea por bugs, dificultad exacerbada u ofrecer los posteriores básicamente lo mismo, pero mejorado), la saga original de Crash Bandicoot no ha envejecido mal. Y aunque ahora no sea precisamente la revolución de los videojuegos ni el icono geek nostálgico por excelencia, es bastante placentero echarse unas partidas casuales cuando no tienes nada que hacer, pasarte un par de niveles para matar el rato y a otra cosa. Porque la jugabilidad es fluída, divertida y, en consecuencia, invita a ello, sobre todo a partir de la segunda y tercera entrega, pues la primera era ortopédica como ella sola y yo con habérmela pasado una vez he tenido MÁS QUE SUFICIENTE.

Es por esto que si llamas a Crash Bandicoot poochie, se lo estás llamando también a los Looney Tunes, así como a aquellos entrañablemente exagerados productos de la ciencia ficción ochentanoventera como Escape en L.A, las Tortugas Ninja, Terminator, Regreso al Futuro, Mad Max, Captain Commando, Evil Dead, Metal Slug, Xena y un largo etcétera de productos que priorizaban el espectáculo y el humor frente a todo lo demás (obviamente, cada uno en su respectivo campo). Por eso y por mucho más, opino que Crash Bandicoot no es un poochie. Buenas noches.



Mr. Angelu

8 sandeces:

McFadyen Sara dijo...

El boceto del Crash original me parece horrible de cojones xD Aunque el ligero reboot de Crash también me parece feo de cojones.

¡Qué cojones! Ha sido ver Johnny Bravo y tener una sonrisa en la boca y odiarlo a la vez. xD

Mr. Angelu dijo...

@McFadyen Sara El de Skylanders es feo como él sólo. Es como que en ese juego hacen una versión aborto de todos tus personajes de infancia.

Skullvic dijo...

Al crash de los 90 ni me lo toquéis, eh? Muy buena entrada, en mi opinión yo siempre vi al bandicoot como una especie de Looney Toon con un propósito en la vida, una aventura que contarnos y MENUDA AVENTURA (al menos la trilogía original, y si apuramos el CTR).

Crash no es un poochie en absoluto, ni siquiera en su época motera de 3WARPED es edgy, es sentimiento puro a la molonalidad como bien dices mister. Un cúmulo de todo lo guay vale concentrado no solo en él, sino en todo su microuniverso. Luego llegó la era de PS2 y la fórmula estalló al reciclarlo TODO pensando que la fórmula serviría siempre.

Las series de Tartakovsky son el mejor ejemplo de este concepto, al menos sus versiones más primigénias de hasta mitad de los 90.

Crash NO ES POOCHIE, pero hay algo que sí que me escama, que sí que haya un poochie en esta serie: SU HERMANA COCO. Me da igual que el CB2 empiece por un descuido suyo o que en el WARPED te acompañe en la aventura espacio-temporal derribando la armada voladora de cortex o derrotando al todopoderoso chalao N.GIN. No, Coco es un pegote en la historia que en mi opinión no consiguió más que hacer la gracia, si hubiesen puesto a ambos hermanos para elegir en cualquier momento con las mismas habilidades TODO ESTO NO TENDRÍA QUE DEBATIRSE, pero siendo así como fue???

que cruz la verdad y maldito el destino que le depara el futuro al marsupial...

King Garrac dijo...

Hombre, el Batman de Frank Miller... El de después de los 80, el de All Star Batman, puede, pero el de Año Uno y el Regreso es un obseso sexual que utiliza la violencia para reprimirse. Precisamebnte usaba a otros personajes como Robin, Alfred o Oliver para ganar, e iba por ahí haciendo trampas, y no va por ahí con aires de suficiencia porque sabe que se ha hecho viejo y está a punto de morir. Por no olvidar el de Año Uno, que las pasaba putas para vencer a un puñado de polis. Interpretar a ese Batman como "un personaje edgy" me parece que es sinónimo de no entender qué hizo grandes a estas dos obras, y es una de las razones por las que la humanidad tuvo que padecer los 90

Mr. Angelu dijo...

@King Garrac ¿Cómo que padecer? Con lo que molaron los 90...

Mr. Angelu dijo...

@Skullvic Ahora que lo pienso Coco sí que es un poco poochie. Sale de la puta nada sin explicación alguna en Crash 2 y no es que rezume personalidad, sólo ser una cerebrito.

Capitán Grelo dijo...

Buena entrada. Ahora entiendo que utilicé mal la palabra "poochie" y que me expliqué fatal en mi comentario.

Pero ignorando eso, me mantengo firme en lo que dije en su momento. Crash Bandicoot, el juego en general (tanto sus personajes como su universo como su trama o su sentido del humor), está hecho para molar entre los niños y para reafirmar que Sony y la PSX son los más guays del cole. Hay por ahí quien dice que Crash Bandicoot se hizo para hacer frente a Nintendo y a Mario, y viendo como crea un cóctel con todas esas cosas ochenteras y molonas que usted menciona en la primera entrada que hizo al respecto (en donde dice que uno de los motivos por los que le atraía era que tenía todo lo que a un niño le podía gustar), no me sorprendería que fuera verdad. Aunque Mario guarda muchos paralelismos con la fiebre ochentera de la que habla y la extravagancia del "todo vale", un fontanero barrigón con gorra y bigote de Stalin no es lo que mas atrae a los jovenzuelos inquietos de los 80. Y Crash Bandicoot parecía estar hecho para decir "¿a que Mario no mola tanto, eh?".

Ahora bien, ¿me opongo a este molismo y a este ochenterismo? En absoluto. Al contrario, leyendo sus anteriores entradas sobre el tema me entran ganas de jugar a los juegos originales. Y comparto lo que dice usted acerca de las series que sólo quieren molar. Tito Yayo no me gusta, pero prefiero mil veces un buen episodio de Historias Corrientes a uno de Hora de Aventuras. Y cuando en Historias Corrientes pretenden hablar del triángulo amoroso Mortdecai/Margaret/Nube o poner un poco de desarrollo de personajes, cambio de canal sin miramientos, porque lo que yo quiero ver es la fumada del autor.

Tampoco apruebo el mirar las obras de tiempos pasados con ojos actuales. En lo general apoyo las obras atemporales, no hay cosa mejor en una obra que el que la mire la gente de 10, 20 o 30 años después y que la disfruten como la gente de su momento. Pero eso mide si la obra ha envejecido bien o mal, no si es buena o mala. Todas las obras son productos de su época, y eso es algo que deberíamos tener en cuenta al ver obras del pasado. Llegué a ver gente que se quejaba del machismo en las películas clásicas de Disney y que cuando la gente le decía que era por el machismo de la época decía que eso daba igual porque ella las veía ahora y la influenciaban.

Como dije antes, buena entrada y ruego se me disculpe por sacar la palabra "poochie" sin saber del todo bien su significado y por el comentario tan pedante que me ha quedado.

Mr. Angelu dijo...

@Capitán Grelo Hombre, en resumen a toda mi verborrea, yo no lo considero (concepto de) poochie porque no está hecho para tomárselo en serio. En cualquier caso, que yo sepa, más que para rivalizar con Nintendo, propusieron crear la mascota de la marca ya que Nintendo y Sega tenían una. Al menos hasta llegar a CTR y el plagio a Mario Kart se oliera desde kilómetros, motivo, entre otros, de tenerle un poco de tirria a ese juego.

En fin, buen debate, me ha gustado intercambiar puntos de vista.

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