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2/3/16

Dagashi Kashi



2 de abril de 2006. Un joven anime, basado en un exitoso manga, basado a su vez en una exitosa novela ligera, llamado La Melancolía de Haruhi Suzumiya hace su debut en las televisiones niponas por primera vez. Su caótica trama y carismáticos personajes, especialmente la alocada y explosiva Haruhi Suzumiya, se convierten en poco tiempo en poco tiempo en un exitazo y trae un poco de aire fresco al anime juvenil de trama "día a día". Desde ese momento, todos los personajes femeninos excéntricos QUIEREN - SER - HARUHI.

La historia de Dagashi Kashi toma lugar en un futuro postapocalíptico en el que sólo existen cinco supervivientes en todo Japón, que son:

Coconuts: Nuestro querido protagonista. Aburrido, plano, simple... Su sueño es convertirse en mangaka, pero se verá frustrado por los intentos de su padre, Yō, de hacerle heredar la tienda de chucherías de la familia. Tiene un extraño síndrome que le hace saltar de completamente asexual a idiotamente pervertido. También te muestran que Coconuts ya dibujaba en sus cómics a Hotaru antes de conocerla, pero nadie, ni siquiera él mismo, parece darle importancia a sus dotes premonitorias. Quizás lleve a una subtrama más profunda, pero de momento todo apunta a que cada capítulo es un gag muy largo relacionado con un dulce en cuestión.




 

Hotaru Shidare: Haruhi de la serie. Hiperactiva, alocada y completamente obsesionada con losh chuchesh. Intenta hacer que Coconuts herede la tienda para que Yō pueda ir a trabajar a la fábrica de su familia, que por lo visto es de las más prestigiosas de Japón, mediante un exahustivo espacio publicitario capítulo tras capítulo de dulces típicos del país del Sol naciente, así como gags referentes a los mismos y/o a películas y demás cultura pop que no vienen a santo de nada. Nunca se llega a explicar por qué coño viste de maid.






 

Saya Endō: Propietaria de una cafetería y tsundere del copón con más o menos la misma personalidad del prota. Está profundamente enamorada de Coconuts, imagino, por ser el único varón jóven, no perteneciente a su familia, aún vivo sobre la faz de la Tierra.











Tō Endō: Doflamingo de mercadillo con dientes de tiburón y hermano de Saya. Pervertido pasota cuyo papel en la serie será pensar de forma erótica en Hotaru, recibir golpizas de su hermana y parecer guay para acto seguido hacer el ridículo.











Yō Shikada: El padre de nuestro protagonista y máximo alivio cómico de este animu. Un absurdo tiparraco de dos metros con la mentalidad de un niño pequeño, que siempre se verá enredado en la mayoría de gags cómicos de la serie. Su meta es que Coconuts herede la tienda para poder irse a trabajar a una macrofábrica de chucherías. Se tambalea peligrosamente en la finísima línea que separa lo divertido de lo estrangulable.









Como se puede intuir por la presentación de personajes, la trama de la serie es una excusa para meternos nostalgia y anuncios de chuches hasta en la sopa, de las cuales no vamos a conocer prácticamente ninguna por ser unos baka gaijins ignorantes, mientras se huele de fondo una especie de triángulo amoroso entre Coconuts y las dos zagalas, todo aderezado con gags ecchi que, en la más amplia mayoría de las veces, no pintan una mierda ni vienen a cuento de nada. Simplemente están ahí, para que el público que sude bolas de las gominolas se quede por el líbido.

 A cosas como esta me refiero con lo del fanservice. Pura carnaza para Rule34.

Realmente no puedo decir que sea un mal anime, supongo que si eres japo y has vivido una infancia repleta de lo que anuncia, será como un continuo viaje cósmico de nostalgia para tu niño interior, pero si no lo eres, una de dos, o tomas apuntes para posteriormente atiborrarte, o la indiferencia te va a hacer una colonoscopia. Pero, no sé, como anime no está mal. He visto cosas mejores, pero también las he visto MUCHO PEORES. Al menos cumple con su función de entretener. Como comerse un caramelo, no alimenta, pero está rico. Eso sí, el caramelo es de menta y limón, de modo que tampoco te vas a volver precisamente adicto. La animación y el dibujo, por su parte, son cojonudos.

Meh sobre 10. Disfrutable pero tan olvidable como tirarse un pedo. Su fama probablemente venga más de los doujins y el fanservice que de la serie en sí.



Mr. Angelu

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