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28/9/15

La taberna de Ruida: Golden Sun.

 Golden Sun

Mi intención hoy, en esta colección de entradas, es instruirles en aquellos videojuegos llamados de culto (o clásicos) que por estar disponibles en soportes ya algo obsoletos hoy en día es difícil encontrar y/o jugar. A menos que use usted un emulador, claro, pero nuestra filosofía es aquella que defiende al humilde programador y condena al desalmado jugador que intenta jugar al Conker’s Bad Fur Day original en un emulador ilegalmente porque carece de 200 euros para gastar en un juego que se dejó de fabricar hace más de diez años y que de todas formas nunca se podría comprar porque la Nintendo 64 le pareció una mierda ya que, de nuevo, de todas formas, ya tenía una PlayStation con el puto Crash Bandicoot, así que, ni por favor ni hostias, su señora madre no se iba a gastar las pesetas en el asunto, y no se hable más, pues no se insistió más, porque como dice el dicho, “cuando un tonto se agarra a una reja, ni la coge ni la deja”. Y, ¿es usted tonto? Pues no lo sé.

Otro motivo fundamental es el siguiente: ¿Por qué gastar un determinado número de horas en completar un videojuego cuando puedo contarle yo, a grosso modo, todo lo que tiene que saber del mismo, para así poder presumir en su futuro canal de Youtube, o mejor aún, en su Twitter? Pues claro que sí. A tope.

Pues para empezar les voy a contar lo del Golden Sun, que es una movida muy tocha. Va de un grupo de esperpentos, magos, gente chunga, adeptos de nosequé estrellas y planetas y, bueno, movidas cósmicas, que resulta que salvan al mundo. O sólo la mitad, porque hay segunda parte. Pero yo hoy les cuento la primera para que no se saturen. Golden Sun es un RPG para la Game Boy Advance que nos llegó en el 2002, por eso de que somos el culo del mundo para los videojuegos y tal. Al hablar de un RPG nos referimos a la aventura lineal de un grupo de desadaptados en un mundo plagado de espadas y monstruos de esos que asustan pero que no pasa nada porque eres un chaval de unos 15-18 años con un peinado estúpido y puedes tirar bolas de fuego y tus padres no te van a decir nada porque, total, están muertos.

Pues todo empieza cuando tu madre te despierta en mitad de la noche y te comenta que se está derrumbando el puto volcán bajo el cual unos señores pensaron que igual, quizá, posiblemente, estaría gracioso, no sé, fundar una aldea. Una aldea donde vive gente. Una aldea donde uno pues, vive y tal. Bien. El truco para vivir más es no morirse. Y viviendo debajo de un, bueno, puto volcán, pues igual no estás siguiendo el truco demasiado bien. Pero, ¿quién soy yo para juzgar? ¡Yo nunca he fundado una aldea!

Nuestro protagonista, Hans, es un chavalote de trece o catorce años al comienzo de la aventura y hablar, lo que se dice hablar, pues no habla mucho, siguiendo la tradición de este tipo de juegos. Porque dicen que así te identificas con el personaje. Claro que no sé usted, pero yo no me identifico con un señor que no habla. Igual es porque hablo mucho. No lo sé. Eso ya puede juzgarlo usted mismo. A mí me da igual.

Pues bien, Hans y su madre deciden que lo más sensato es ir a la plaza del pueblo. A mí, sin ir más lejos, también me han enseñado que, en caso de que una montaña se caiga encima de tu pueblo, el procedimiento básico para, bueno, no morirse y eso es irte a otra parte del mismo pueblo sobre el cual se está cayendo la puta montaña. Una montaña con su volcán y todo. La cuestión es que este pueblo no es un pueblo normal, es un pueblo especial donde se practica la psinergía, que es magia negra de la chunga, de la que mata gente y mueve cosas con la mente. Entonces, al padre de Hans no se le ocurre otra cosa que irse a intentar detener el derrumbamiento usando su psinergía. Total, que entre pitos y flautas tus padres te dejan solo solitario para que tú y tu polla os las apañéis como podáis. Porque en el fondo es lo más inteligente que puedes hacer cuando peligran las vidas de un pueblo entero: sacrificar a los niños, ¡pf! ¡que se jodan!

Hans intenta ir a la plaza del pueblo pero por el camino le caen putas piedras del cielo así de repente, lo que dificulta un poquito la misión. Hans se encuentra con su amigo Garet y juntos se aventuran en un bosque en el cual se encuentran con un tipo que les pregunta si está muerto o no, lo cual no tiene mucho sentido pero que si lo piensas bien es un rollo muy de Nietzsche o de Kierkegaard, que era lo que estaba de moda entre los chiquillos a comienzos del siglo XXI, filosofía europea. A mí me gustaba más ver Digimon, pero una vez más, quién soy yo para juzgar.

Poco después nos juntamos con otra amiga de Hans, una chica llamada Nadia cuyos padres y hermano están a punto de morir porque una piedra del tamaño de Kansas viene directa hacia ellos y porque al gilipollas del chiquillo ha hecho la clásica gracia de tirarse al río en aquellos momentos en los que piensas “¿Qué más podría salir mal hoy?” Raudos, nuestros héroes buscan desesperadamente a alguien con psinergía capaz de ayudar. La ayuda llega muy tarde y los padres y el hermano de Nadia, junto con el padre de Hans, la palman. Todos muertos. Una vez más, Hans y Garet vuelven al pueblo para encontrar ayuda, no sé para qué, porque vamos, si a un señor le pegan diez tiros en la cabeza, yo no pienso: “vaya, quizá debería ir a buscar ayuda”. Tú mismo con tu mecanismo, Hans. Total, que yendo para allá, Hans descubre que el derrumbamiento y la tormenta y todo el pifostio lo han provocado dos psicópatas locos de la cabeza tocando el botón que no era en el Templo sagrado de la aldea. Qué rollo más siniestro, ¿no? Y qué trampas más elaboradas que ponían en los templos de antaño. “Tú, intruso, has desafiado a los Dioses al entrar en este templo prohibido, ahora destruiré un pueblo entero que no tiene nada que ver contigo”. La gente antes le daba al coco. Bueno, pues como Hans y Garet han escuchado a escondidas el malvado plan de este par de villanos, estos los dejan para el arrastre y se van saltando o yo que sé que movidas.

Y de repente, ¡pasan tres años! ¡Seguro, nada interesante ha pasado en este tiempo! ¿No?

Hans ya es todo un hombrecito. Y Garet y Nadia también. Se han pasado todos estos años aprendiendo psinergía. ¡Ahora ya pueden mover troncos y escapar de cuevas! Nuestros héroes, señoras y señores. Pues un día deciden ir al Templo a explorar, a pesar de que está prohibidísimo, en fin, qué menos, la última vez que entró alguien, estalló el puto volcán. Así pues, Hans, Garet, Nadia y su maestro Kraden esquivan al guarda del templo con una rutina cómica clásica más típica de Tom y Jerry que de un videojuego RPG serio por el cual han pagado a programadores por un trabajo que si bien no te hace cuestionarte el hecho de que la moral es relativa, pues casi.

Tras explorar el templo bien a fondo (unos diez minutos de gameplay, más o menos), el grupo descubre una sala súper secreta de la hostia en la que están guardadas las Estrellas Elementales, que protegen el equilibrio del mundo mundial. Y, ¡cáspita! ¡Los locos de hace tres años han vuelto para robarlas! Nuestros héroes, por supuesto, no dudan ni un momento en tirar las armas y plegarse a la voluntad de los villanos. ¡Pero no todo es malo! ¡El hermano de Nadia sigue vivo! ¡Y ahora es malo! Pero antes de que consigan reunir las cuatro Estrellas Elementales, a falta de conseguir la Estrella de Marte, el volcán vuelve a entrar en erupción y los villanos toman a Nadia y Kraden de rehenes para acto seguido huir dejando a Hans y Garet, una vez más, en una situación nada favorable. Sin poder escapar de dicha sala secreta porque, principalmente, la sala en sí se está viniendo abajo (el techo se cae, del suelo asciende la lava), nuestros protagonistas parecen rendirse a los hechos: la cosa está muy mal.

Hans se da cuenta en ese momento de la banalidad de la existencia y del hastío que supone llevar la carga que llamamos vida. Citando a Sartre, Hans podía afirmar que “todo lo que existe nace sin razón, se prolonga por debilidad y muere por casualidad”. Y de esa forma, Hans tomó de la mano a Garet, suspiró y, cerrando los ojos, se preparó para abandonar este plano astral de forma permanente. Garet, a su vez, suspiró y le pidió a Hans que mirara a su derecha para ver la puta piedra flotante con un ojo que los miraba a medio metro de distancia.

Pues fíjate tú, la piedra voladora esta resulta ser El Sabio, el guardián de las Estrellas Elementales. Como es natural, podemos asumir que no es un buen guardián. Por eso de que han robado las Estrellas y tal. Pero bueno, al menos está conteniendo la erupción por el momento. Con su ayuda, Hans y Garet consiguen salir de la sala secreta. Pero, ¿conseguirán atravesar el templo una vez más y escapar a tiempo? Sí, claro, ¡porque Hans puede usar la psinergía para escapar de sitios! Es lo único que pudo aprender en tres años, pero ¡lo hace muy bien!

Una vez fuera, nuestros héroes se reúnen con el alcalde y el sumo sacerdote para discutir el futuro del continente. La erupción está controlada, pero si las Estrellas Elementales no son devueltas a donde deben estar, el mundo estará condenado. Todo es muy de libro de texto. Es entonces cuando Hans debe decidir si embarcarse en la mayor aventura de todas para recuperar las Estrellas y salvar el mundo o pasar del asunto porque algo así le viene grande a un chaval de 17 años.

Y evidentemente, Hans pasa del asunto. Y así, el mundo fue destruido. Todos muertos. Golden Sun.

Uno de los mejores videojuegos que jamás se han hecho.    

PUNTUACIÓN: 7.8 sobre 10, demasiada lava.



Méndez

3 sandeces:

JustChuckAM dijo...

Y esto es lo que pasa cuando abandonan la suprema tradición de sacrificar virgenes para calmar la ira del volcán :v

LordSnow dijo...



Simplemente brillante, como todos los articulos del señor Mendez.
Me alegra ver que sige escribiendo (pese a que seguro que lo dijo en algun sitio y que lleva mucho tiempo escribiendo y eso, pero despues de Absurderrimo le perdi la pista).

Espero que siga con esta seccion.
Saludos

McFadyen Sara dijo...

Que cambio más radical al juego, yo no lo recuerdo así xDD
A mi me gustó bastante, pero su tercera parte fue un asco espantoso.

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