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29/12/11

¡Vaya Santa Claus!

Es Navidad. Los pájaros cantan, los niños ríen y, tanto presentadores como Paz Padilla como esos patanes que se hacen pasar por cantantes, secuestran y se adueñan de los platós de todas las cadenas.

¿Y qué hace el amargado de Mr. Angelu mientras tanto? Pues iniciar el primer capítulo del especial "Navidad Xanante", like a boss!

No todas las películas navideñas pueden ser obras maestras como ésta de aquí, es más, me atrevería a decir que el 99% de las películas relacionadas con la Navidad son todas basura. Así que, el primer largometraje navideño repetitivo y tocapelotas en ser destripado es ni más ni menos que "¡Vaya Santa Claus!".



No puedes esperar gran cosa de una película con ese título, y para colmo protagonizada por Tim Allen haciendo de Santa Claus. Advertido quedas.

Todo comienza con el clásico logo de Disney, acompañado por una melodía de lo más repetitiva. Acto seguido vemos a un tipo disfrazado de Santa Claus en medio de lo que parece una cena de empresa, donde nos presentan a nuestro progagonista, Scott Calvin aka Tim Allen.
¿Adivinas qué vende la empresa? ¡Exacto, juguetes! El nuevo Santa trabaja en una fábrica de juguetes ¿a quién se le habrá ocurrido una idea tan original?

En fin, durante todo el principio de la película sólo tenemos la rutina de Scott y Navidad everywhere, así que supongo que podemos saltar hasta la acción.

Scott está divorciado y tiene un hijo, Charlie. Su mujer está con otro hombre y todos menos el hijo de Scott le desprecian profundamente. ¿No te recuerda al argumento de Mentiroso Compulsivo? Hasta diría que Charlie es el mismo crío ahostiable de ambas películas.
El caso es que mantienen una discusión porque el nuevo churri de la mujer de Scott le ha contado a Charlie que Santa no existe, y ¡tachán! Ya tenemos excusa para convertir a Scott en Santa.

Bueno, tras unos diez minutos de vida cotidiana aburrida empieza la acción. Scott descubre a Santa Claus en su tejado, y pensando que es un ladrón, le grita "¡Eh, usted!". Éstas duras palabras hacen que Santa Claus sufra un infarto y caiga del tejado abriéndose la cabeza contra el asfalto y muriendo en el acto. Vaya, al final la peli no pinta tan mal...

Tras ésta maravillosa escena, Santa Claus se desintegra, aparece una escalera de la nada y nos presentan a los renos más falsos del universo. Lo que nos lleva a una grasiosa e hinjeniosa escena en la que Scott y Charlie van montados en el trineo por la autopista mientras un camionero los ve y trata de hacernos creer que actúa. Más concretamente como si estuviera borracho.

En fin, termina en un tejado, se pone el traje y comienza a repartir regalos. Lo típico.
Tras todas éstas mamarrachadas, los renos llevan a Scott al Polo Norte, donde un elfo les lleva a su nuevo taller de juguetes, lleno de elfos que viven alegre y despreocupadamente la vida. Curioso, yo siempre me los imaginé más... esclavizados.

Allí conocen a Bernard, un elfo bastante más crecidito que los demás, quien convence a Scott de que es Santa Claus y le da una bola de cristal, de esas con nieve, a Charlie. Momento ñoño en el que si Scott renuncia a ser el gordo de rojo, viola la infancia de millones de niños, y acaba con la Navidad y bla bla bla...
¿Qué problema hay en ello? Si yo estuviera en su lugar, diría un no rotundo acompañado por una malvada risa de maníaco. Sería sublime.

Y así llegamos a la nueva habitación de Scott, donde hay cosas tan verosímiles como titiriteros que actúan dándolo todo para ABSOLUTAMENTE NADIE. De hecho, incluso cuando llegan los protagonistas, ¡los siguen ignorando! ¡Tan sólo los oyes parlotear de fondo mientras cada uno hace lo que le sale del prepucio! Ni siquiera el crío ahostiable hace ni el más mínimo comentario al respecto. Ni siquiera una miserable sonrisa. Nada, simplemente llega y se echa a dormir. Para mandarlos a la mierda, vamos.

Allí mantiene una conversación con la elfa de sonrisa permanente, quien le ofrece una taza de chocolate caliente. Según ella, tardó 1200 años en elaborarla. Suponía que no era una lumbrera, precisamente.
Así que, Scott duerme y despierta en su cuarto pensando que todo ha sido un sueño. Pero Charlie sabe que ha sido real y empieza a contárselo a todo Cristo, lo que provoca que su madre piense que Scott le está pervirtiendo, porque ¿un niño que cree en Santa Claus? ¡Menuda locura!
Y bueno, ahora que Charlie ha recuperado su espíritu Navideño, sus padres tratan de pisotearlo de nuevo enseñándole lo inverosímil que es el asunto. ¿No era precisamente de que Charlie había dejado de creer en Santa sobre lo que discutían al principio? Bah, qué más dará, si la película ya es bastante estúpida sin que saque a la luz sus contradicciones y fallos de guión.

Entonces Scott comienza a engordar. Le salen canas y le crece barba cada cinco segundos. Así que, comienza a ir a su empresa, donde comen más que trabajan, en pijama, ¿por qué no? Allí presentan el que será el juguete estrella de la Navidad, ¡UN TANQUE! Así es, Santa Claus viajará en un jodido tanque por todo el mundo repartiendo regalos. Pero, como es de esperar, Scott protesta ante ésta nueva y BADASSérrima idea. Parece que el nuevo Santa quiere que la Navidad siga siendo igual de cursi que siempre.

Así que, cuando Scott termina de convertirse en Santa, su ex mujer and co. piensan que se ha vuelto loco/pederasta y tratan de arrebatarle a su hijo. Típico momento "trágico" que toda película navideña tiene.
Tratan de encarcelarlo, terminan colgando carteles de "se busca" al más puro estilo western WTF?, al final se lleva a Charlie de nuevo a repartir regalos... Sí, ya ha pasado un año entero, sin cambiar de estación ni nada.
Total, que encierran al patán de Scott en la cárcel, y sus elfos van a rescatarlo. Le sacan, sigue con su trabajo, llega otro momento "trágico" y, así porque sí, y después de un deus ex machina del copón, tanto la ex mujer de Scott como su noviete comienzan a creer en Santa Claus, la policía se olvida de que es un pedófilo en potencia y, para colmo, recupera la custodia de Charlie. Porque la Navidad puede solucionar tu vida en cinco minutos, como el que se cambia de camisa.
Y así, toda la ciudad termina creyendo en Santa Claus y todos viven felices. Fin.

Un intento de comedia que trata frustradamente de hacerte reír a toda costa. Es un auténtico coñazo de película que sólo consigue ayudarte a dormir la siesta.
¿Comprendes ahora la cantidad de tonterías que nos toca tragar cada Navidad? Porque ésto sólo es el principio. Así que si decides largarte de la Xanocueva y no volver hasta dentro de un par de semanas, no te culpo.

Pero no hay mal que por bien no venga, ya que en éstas fechas podemos creer todos en:




Mr. Angelu

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